Santiago de Chile, domingo 13 de febrero de 2005, actualizado a las 7:01 hrs.
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Domingo 13 de febrero de 2005

Genealogía Ingeborg Schwarzenberg:
Tejedora de herencia alemana

Julio Gajardo Vásquez


Ingeborg Schwarzenberg hizo más de 10 mil fichas de personas con apellidos de origen alemán.
Foto:Gentileza de Juan Schmalz



El 25 de enero de 2005 murió la destacada genealogista Ingeborg Schwarzenberg de Schmalz. Entre sus obras está el estudio del origen de gran parte de las familias alemanas que se han asentado en nuestro país.



JULIO GAJARDO VÁSQUEZ

"País lejano, pero magnífico, genial y prolífico, donde todo está bien encaminado y es abundante, donde todo prospera, aumenta y que ha recibido esta bendición de la humanidad: ¡la libertad!", dicha propaganda que podría referirse a Estados Unidos, Australia o Canadá, no era más que la publicidad oficial del gobierno chileno en Alemania a mediados del siglo XIX para atraer inmigrantes a nuestro país. Este anuncio fue el que tentó a Gideon Schwarzenberg, abuelo de Ingeborg, para establecerse, vivir y tener descendencia en Osorno.

Seguramente en busca de esta libertad arribaron entre 1846 a 1876 ocho mil alemanes a Chile, principalmente a las provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue. Posteriormente, con el transcurso de los años, otros se establecerían en La Frontera, Concepción, Valparaíso y Santiago. Y aunque parezca una sombra de los millones y miles que recibieron Estados Unidos, Brasil y Argentina, los que se establecieron aquí dejaron una marca indeleble en diferentes aspectos de nuestra sociedad como el ejército, la educación, la agricultura y en muchos otros ámbitos.

La natural integración y la desaparición de los más viejos han motivado que la cohesionada colonia de un principio vaya perdiendo algunos aspectos de su idiosincrasia, cuestión que Schwarzenberg trató de evitar.

Custodia de un legado

Ingeborg nació en Osorno en diciembre de 1914 del matrimonio de Jorge Schwarzenberg Herbeck y Elfriede Clericus, siendo la mayor de cuatro hermanos. Estudió en el Colegio Alemán de Osorno y en los liceos fiscales de Valparaíso, Quillota y Copiapó, siguiendo la carrera docente de su padre, quien le inculcó el interés por la historia y geografía. Posteriormente, ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde obtuvo el título de Profesora en Alemán. En 1940 contrajo matrimonio con Hermann Schmalz, un alemán que se avecindó en Chile en 1923. De esta unión nacieron tres hijos: Carlota, Juan y Carlos.

La docencia, la crianza de sus hijos y su temprana viudez no le impidieron desarrollar su marcado gusto por la genealogía, afición que también heredó de su padre. Este gozo se convirtió casi en una obsesión, llegando a elaborar un fichero genealógico de más de diez mil familias de habla germana que se instalaron en Chile, ordenadas por apellido. Este fichero fue creado con el objetivo de completar la genealogía de las familias alemanas del país, trabajo que se vio plasmado en 144 libros que describen ordenadamente la ascendencia de un gran número de apellidos de origen alemán. Pero lejanas al propósito personal que tenían las fichas, éstas, que se clasifican en unas cajas color azul diseñadas por su hijo Juan, se han convertido en una rica fuente de consulta para la gente que busca información relacionada con su familia y para innumerables trabajos históricos, incluso más al ser escaneadas y quedar dispuestas en un computador por los delegados de la Biblioteca Emilio Held. Según la encargada de la biblioteca, Christine Gleisner, este fondo es el más consultado. "Llegan muchas personas que han perdido todo vínculo con la comunidad alemana y a veces desconocen cómo pronunciar su apellido, pero quieren saber de dónde vienen".

La profesora hizo su fichero a partir de información que recogía en los periódicos y que cuidadosamente recortaba y copiaba. Incluso recababa antecedentes de la lista de obituarios y de las páginas sociales. Así lo hizo año tras año, con una constancia "muy alemana", para concebir finalmente el fichero que es hoy.

Además, son innumerables las investigaciones, documentos y artículos publicados por ella. Destaca Viaje al fin del mundo (o Travesía marítima de Alemania a Chile), junto al profesor Günter Böhm, aparecido originalmente en los Documentos de la historia de la inmigración alemana en Chile, editado por la genealogista. En un vívido y crudo relato, en que se suman las narraciones en primera persona de distintos viajeros, se describen las peripecias y las duras condiciones que debieron enfrentar los colonos alemanes durante el viaje como al momento de establecerse en nuestro país.

El resultado de sus investigaciones la hizo tomar contacto con un sinnúmero de personas relacionadas con su área, con muchas de ellas entabló una entrañable amistad que perdura hasta después de su muerte. Su hijo Juan Schmalz cuenta que aún le llegan cartas a su madre de todo el mundo, preferentemente de Alemania y de Chile, profundizando su amistad y con el deseo de seguir progresando en sus investigaciones. "Cuando fui a estudiar a Alemania me recibían con gran cordialidad debido a que mi madre no sólo tenía una relación académica, sino también de amistad".

Las consecuencias de su trabajo y el prestigio internacional la hicieron ser nominada por mérito en instituciones genealógicas en Alemania, Chile y Perú, y recibir distinciones como la medalla Anwandter de la Liga Chileno-Alemana y la Condecoración "Cruz al Mérito" del Presidente de la República Federal de Alemania en 1978.

Juntos, no revueltos

Junto a la genealogía, otro de los grandes deleites de la señora Schwarzenberg era el tejido y el bordado, actividades que fusionó bordando escudos de familias y árboles genealógicos. Pero sus ambiciones no sólo se quedaron en lo académico, sino también en organizar campañas de tejido de frazadas para donarlas a los más necesitados, iniciativa en que ella también participaba repartiéndolas. Este mismo espíritu desinteresado y desprendido lo aplicó tanto a su vida como a su trabajo, reflejado en el desinterés por ganar dinero a costa de la genealogía, empresa muy común hoy en día en Estados Unidos y Europa.

Pero en Ingeborg no era todo amabilidad y parsimonia. Cuando había que defender la verdad lo hacía con determinación. Fue así cuando en una carta del 30 de diciembre de 1975 consta una acusación contra Emilio Held Winckler por su documento Nómina de barcos y de inmigrantes alemanes llegados en 1840-75 copia, a su juicio, de otro documento titulado Lista de Emigrantes del alemán Armin Classen, además de tener datos intercalados, sin documentar y con errores (Revista de Estudios Históricos, año XL, Número 33, 1988, página 303).

La Biblioteca y Archivo de la Liga Chileno-Alemana, paradójicamente, lleva el nombre de Emilio Held y, para alegría de los investigadores de la inmigración y cultura alemana en Chile, reune todo el legado de Ingeborg Schwarzenberg junto al de otras prominentes herencias de chilenos-alemanes como el Dr. Francisco Fonck, Rodulfo Philippi, Carlos Anwandter, Emilio Held y Guillermo Frick.

El Emilio Held se renueva

Para la licenciada en Historia y encargada de la Biblioteca y Archivo Emilio Held Winckler, Christine Gleisner, el objetivo es hacer la Biblioteca más accesible al público. Para esto se ha proyectado realizar la catalogación y computarización de gran parte de la muestra. "La idea es que las personas, en especial los escolares y la gente mayor, puedan desenvolverse solos y ubicar los libros con facilidad".

En el último tiempo el archivo se ha ido incrementado con una serie de donaciones del país como del extranjero, provenientes de instituciones y particulares. Además de las donaciones Schwarzenberg y Held, el archivo posee otras "joyitas" como la colección Philippi, que consta de las cartas, dibujos, primeras publicaciones y documentos impresos del naturalista y sabio Rodulfo Philippi; el legado Fonck, en donde están su epistolario particular y sus trabajos que tratan materias tan disímiles como geografía, arqueología y botánica y el dejado por el Dr. Martin que se compone de su epistolario completo e investigaciones de geografía y etnología, entre muchas otras.

Estos legados particulares se completan con libros sobre el aporte de la colonia al país, las instituciones alemanas en Chile y un sinnúmero de libros que trajeron los inmigrantes como antiguos diccionarios, biblias, textos de enseñanza, cuentos infantiles, libros de música, literatura y cocina que dan una idea muy acabada del imaginario de los colonos.

Llama la atención a los encargados la mayor concurrencia de alemanes a la Biblioteca, provenientes de tierras teutonas, buscando material que muchas veces no está en su país. "Tenemos las ediciones del Berliner Volks-zeitung desde que ascendió Hitler al poder hasta el final de la II Guerra Mundial. Muchos de estos ejemplares no están en Alemania". Sin embargo, les gustaría que los visitaran más chilenos, para esto ofrecen su ayuda para traducir los textos que están en alemán. Pero prometen todavía más: "Nos estamos renovando. Tratamos de darle al archivo un aspecto donde la imagen tenga un lugar central".